La historia de Pereza es el relato de cómo dos chavales criados musicalmente en la periferia madrileña consiguieron devolver el rock and roll de herencia stoniana, el toque glam y la lírica urbana al centro de la radiofórmula española de los años 2000. Rubén Pozo y José Miguel Conejo «Leiva» construyeron, a golpe de melodía inmediata, coros empastados y actitud canalla, una de las trayectorias más definitorias de la música española reciente.
De la Alameda de Osuna a los locales de ensayo (1998–2002)
El germen de la banda nació a finales de los noventa en la Alameda de Osuna, un barrio del noreste de Madrid convertido en vivero musical del que también salieron bandas como Sidecars o Pignoise. Rubén Pozo ya contaba con el bagaje y el culto subterráneo de haber liderado Buenas Noches Rose, mientras que Leiva tocaba la batería en un grupo local llamado Malahierba.
Junto al batería y saxofonista Ernesto García «Tuli», formaron inicialmente un trío de versiones de clásicos del rock en castellano (Leño, Burning, Tequila). En 2001 publicaron su debut homónimo, Pereza, un trabajo de guitarras desnudas y power-pop urgente grabado casi como una carta de presentación directa de local de ensayo. Aunque pasó relativamente desapercibido para el gran público, sirvió para llamar la atención de la industria y definir su química vocal.
El despegue y la explosión generacional (2003–2006)
Tras la marcha amistosa de Tuli, el grupo se reconfiguró como dúo. Con Rubén y Leiva repartiéndose la composición, las voces, el bajo y las guitarras, vio la luz en 2003 Algo para cantar. Producido por Nigel Walker, el álbum afinó notablemente el sonido e introdujo himnos inmediatos como «Pienso en aquella tarde» o «En el río», marcando su primera entrada fuerte en las listas de ventas.
El verdadero punto de inflexión llegó en 2005 con Animales. El sencillo «Princesas» se convirtió en un fenómeno transversal instantáneo, coreado tanto en garitos de rock como en emisoras comerciales y discotecas. A este le siguieron temas como «Todo» o «Niña de papá».
En esa época, el grupo combinó el magnetismo estético —pantalones de pitillo, pañuelos al cuello y actitud heredada de The Rolling Stones y T. Rex— con un reconocimiento unánime de los veteranos del género. Prueba de ello fue Los amigos de los animales (2006), un disco donde reinterpretaron sus canciones junto a figuras consagradas como Joaquín Sabina, Ariel Rot, Carlos Tarque, Quique González, Amaral y Coque Malla.
Madurez sonora y la consagración acústica de Aviones (2007–2010)
Habiendo alcanzado el estatus de estrellas de estadio, el dúo apostó por dotar a su música de un cariz más orgánico y artesanal:
- Aproximaciones (2007): Un disco más elaborado y eléctrico, con arreglos vintage y canciones como «Estrella polar» o «Por mi tripa». En el tema «Superhermanas» contaron con la guitarra solista de Mick Taylor, exmiembro de The Rolling Stones.
- Baires (2009): Libro-disco y documental registrado en Buenos Aires que reflejó su fuerte conexión con la escena del rock argentino.
- Aviones (2009): Considerado de forma unánime su obra cumbre. Despojándose de la distorsión y de los efectismos de producción, el dúo abrazó una instrumentación acústica rica en banjos, contrabajos, armónicas y teclados vintage. Álbum número uno indiscutible, dejó piezas imborrables como «Lady Madrid», «Aproximación» o «Violento amor», además de colaboraciones con Andrés Calamaro y Pitingo.
Desgaste amistoso y la despedida de los escenarios (2011–2012)
El éxito desmedido y una década ininterrumpida de giras multitudinarias, promoción y exposición mediática terminaron por pasar factura a la dinámica interna. Rubén y Leiva comenzaron a componer de forma cada vez más individual, con horizontes creativos y ritmos de trabajo divergentes.
En septiembre de 2011, emitieron un comunicado conjunto anunciando una separación amistosa, recalcando que no existía enemistad entre ellos y que la decisión respondía a la necesidad vital de explorar sus propios caminos. En lugar de un corte abrupto, el grupo completó los conciertos pendientes durante la primera mitad de 2012, cerrando su ciclo con citas multitudinarias en el Palacio Vistalegre de Madrid y el festival Rock in Rio Madrid.
Tras el adiós definitivo, ambos mantuvieron la promesa de continuar activos: Rubén Pozo debutó en solitario con Lo que más (2012) y consolidó una carrera de autor honesta y de raíz; Leiva lanzó Diciembre (2012), iniciando una meteórica trayectoria individual que lo situó en la primera línea de la música en español. El legado de Pereza quedó así fijado como el puente indispensable que revitalizó el rock urbano madrileño para toda una nueva generación.
