El pasado miércoles 28 de enero, apenas 48 horas después de los controvertidos operativos federales en Minnesota, Bruce Springsteen publicó «Streets of Minneapolis». La canción, lejos de ser un lanzamiento promocional estándar, ha surgido como una respuesta inmediata a la actualidad política de Estados Unidos, centrando el debate en las recientes redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y la muerte de dos ciudadanos durante las mismas.
El tema ha generado una rápida polarización en la opinión pública y una respuesta oficial por parte de la Casa Blanca, confirmando que la música protesta, aunque transformada, sigue manteniendo su capacidad para influir en la conversación nacional.
Del humanismo a la acusación directa
Si bien Springsteen es conocido por abordar temáticas sociales en su obra —desde los veteranos de Vietnam en Born in the U.S.A. hasta la crisis del SIDA en Streets of Philadelphia—, la crítica musical coincide en que «Streets of Minneapolis» representa un giro hacia un lenguaje más directo y menos metafórico.
El título evoca deliberadamente su éxito de 1993, buscando trazar un paralelismo entre la marginación de los pacientes de VIH en los 90 y la situación de las comunidades inmigrantes en 2026. Sin embargo, la letra abandona la introspección melancólica para señalar responsabilidades políticas concretas.
En sus estrofas, el artista describe la presencia de las fuerzas federales y la Guardia Nacional no como un operativo de seguridad estándar, sino usando términos como «fuerza de ocupación» y, en el verso más polémico de la composición, refiriéndose a los agentes como el «ejército privado del Rey Trump». Asimismo, la canción menciona explícitamente a figuras de la administración, como el asesor Stephen Miller y la funcionaria Kristi Noem, responsabilizándolos de la retórica que rodea los hechos.
La narrativa de las víctimas
El núcleo emocional de la canción se centra en Alex Pretti y Renee Good, las dos personas fallecidas durante los disturbios y operativos de la semana pasada.
Mientras que los informes oficiales han calificado los incidentes como una respuesta necesaria ante «amenazas a la seguridad pública», la letra de Springsteen ofrece una contra-narrativa basada en testimonios locales. Describe a Good documentando los hechos antes de ser abatida y a Pretti intentando regresar a su hogar, humanizando así a quienes la administración ha etiquetado como agitadores. Esta técnica narrativa recuerda a su tema American Skin (41 Shots), donde también desafió la versión policial de un tiroteo en Nueva York.
Reacción institucional y división social
La respuesta no se ha hecho esperar. La Casa Blanca, a través de su portavoz Abigail Jackson, desestimó la canción el pasado viernes, calificándola de «irrelevante» y señalando que la administración no basa sus políticas en «opiniones artísticas con información inexacta». Sectores conservadores y medios afines al gobierno han criticado duramente al músico, acusándolo de deslegitimar a las fuerzas del orden y pidiendo el boicot a su obra.
Por el contrario, en las calles de Minneapolis, Chicago y Portland, la canción ha sido adoptada rápidamente por los manifestantes. Durante las vigilias y marchas de este fin de semana, «Streets of Minneapolis» ha sonado recurrentemente, consolidándose como un himno aglutinador para los críticos de la política migratoria actual.
Un eco de los años 70
Analistas culturales han comparado la inmediatez de este lanzamiento con el clásico «Ohio» de Crosby, Stills, Nash & Young (1970), que fue escrito, grabado y lanzado pocos días después de la masacre de Kent State.
Al igual que en aquella ocasión, Springsteen ha optado por la urgencia sobre la perfección de estudio, entregando una pieza cruda que sirve como documento histórico de una semana convulsa. Más allá de la calidad musical, «Streets of Minneapolis» deja patente la profunda fractura social que atraviesa Estados Unidos en 2026, donde incluso una canción puede convertirse en cuestión de Estado.
